domingo, 1 de mayo de 2011

Ernesto Sabato 1911-2011

Se nos fue, otro grande de la literatura no sólo argentina pero latinoamericana. Este es mi sentido homenaje para Sabato, un grande entre los grandes.


Hace años caminaba a oscuras por un pasillo interminable, mi túnel personal al olvido mismo. Hasta que un día vislumbre una luz a la lejanía. Corrí hacía ella, me agité... ataque de asma... la luz provenía de una ventana, había algo más allá de la oscuridad. Atravesé la ventana y la luz baño mis ser. Estuve ciego hasta ese momento en que pude informarle a mi cerebro que había algo más allá de mi oscuridad y escapé del túnel de mi vida. Recorrí por ese mundo nuevo, maravilloso, fantástico, lleno de cosas que nunca había visto, espectaculares. Al rato de transitar por mi nuevo mundo me topé con un señor flaco, medio pelado y de anteojos. Lo salude y pregunté como se llamaba, Ernesto respondió con una sonrisa y me preguntó si quería escuchar algunas historias y me contó sobre héroes y tumbas. El tiempo parecía no transcurrir mientras las palabras de este señor emergían anárquicamente hacía el llano de mi imaginación. Al terminar, Ernesto me indicó un sendero en cual podría encontrar una encrucijada en la cual elegir mi camino. Cuando quise preguntarle algo más, se esfumó cual fantasma. Seguí su consejo y al llegar a la encrucijada, me encontré con un precipicio. Al borde del abismo reflexione largo rato. Mi decisión fue: Nunca más volver a la oscuridad del pasado, siempre avanzar sin importar cuan profundo parezca el abismo enfrente. Salté con los ojos abiertos y mis opciones se multiplicaron, mis caminos se expandieron y mi oscuro túnel con sus fantasmas y monstruos nunca más volvieron. Hoy sigo buscando esa aparición mágica que me contó sus historias y me hizo ver que se podía más a través de la paz. Hasta luego, maestro...

1911-2011

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